Te invito un cafecito o un tecito, o acercate la pava y el mate, que hoy te requiero un rato.
Hoy me despacho con un post donde en apariencia doy un consejo, pero lo cierto es que a mí no me gusta dar consejos, y si ya me has leído antes, te darás cuenta de que en realidad sólo estoy reclamando mis derechos, si?
Basándome en que no me gusta que me traten mal, que me falten el respeto como persona, como ciudadana, como contribuyente, como consumidora. Dos cositas te digo.
COSITA UNO:
Si sos empleada/o administrativa/o, no necesitás más que sentido común y un cierto grado de inteligencia para realizar tu trabajo. Dicho de otra manera, las mismas simples pero valiosas cualidades que te permitieron acceder a él, salvo que lo hayas hecho de una manera non sancta (y eso podría ser materia de otro post que no escribiré yo). Para mayor eficiencia, ayuda un montón que tengas un poco de buena voluntad y buena onda, en caso de eventuales inconvenientes. Lo digo con total conocimiento del tema porque fui empleda administrativa por varios años.
Si te toca la tarea de atender público, generalmente es necesaria algo más de buena onda. Atender público es una terminología tan "laboral" que se pierde la dimensión y vos, como tantas/os otras/os empleadas/os administrativas/os, te olvidás de que atendés personas. Que tienen el derecho de ser atendidas con eficiencia. Porque sencillamente es tu obligación, tu trabajo.
Y si surgen esos eventuales inconvenientes, y no ponés un poco de buena voluntad, los trámites no salen, o salen, pero el día del arquero. Cualquier trámite. Cualquiera que el contribuyente, el ciudadano, el consumidor esté realizando. Y si por ejemplo sos empleada/o de una obra social y la persona que tramita es por ejemplo un enfermo de cáncer o un familiar, ponele algo más de voluntad, algo más de buena onda y hacé que el trámite salga. Tu trabajo requiere de vos un pelín más: consideración al prójimo. Lográ que no gane la indolencia. Si no lo hacés por el consumidor, por el contribuyente, por el otro, al menos hacelo por vos: tené un poco de dignidad y ganate el sueldo que te pagan.
COSITA DOS:
Si tenés un problema laboral, gremial, profesional, te asiste el derecho de negociar/acordar libremente con tus superiores por la vía administrativa/gremial/sindical/laboral, incluso legal que corresponda. Si esas vías fallan, te asiste el derecho de reclamar por diferentes vías, de recurrir a medidas de fuerza, de hacer huelga (en Argentina es un derecho constitucional, no sé en otros países). Respeto y valoro cualquier reclamo de salario digno, de pedidos de aumentos, de recomposiciones salariales, no sólo porque fui empleada varios años y lo viví, sino por el simple concepto de que cualquier trabajo tiene derecho a un salario digno. Que quede claro.
Pero no porque tus reclamos laborales (que son personales al fin) no tienen respuesta, me cortes el acceso a un puente carretero, o me cortes una ruta, o quemes neumáticos en el medio de la calle, o pongas un parlante a todo dar en la vía pública. Vos tenés tus derechos y yo los respeto. Vos respetá los míos. Los míos de transitar libremente por cualquier vía, ya sea para llegar a mi trabajo, para irme de vacaciones, o para simplemente pasear. Los míos de respirar aire puro y no aire tóxico. Los míos de estar en mi casa o en mi lugar de trabajo o internado en un sanatorio sin tener que escuchar ruidos molestos a decibeles fuera de este mundo.
Lectoras argentinas saben ya de qué hablo. Para las lectoras de otros países, les cuento que basta con que un grupo mínimo (pueden ser 8 personas porque lo he visto) de gente con algún tipo de reclamo decidan cortar una ruta, un puente, una calle, lo hacen sin mediar nada más, casi seguro llega la tele con cien micrófonos, explican su reclamo y sus motivos, y con eso es suficiente para que desaparezca en minutos el derecho de toda una sociedad/comunidad/grupo de ciudadanos y sólo valga el derecho de esos 10, o más, no importa cuántos hay de un lado y del otro: el derecho tuyo termina donde empieza el mío. La cosa es entre vos y yo, estimado conciudadano compatriota vecino.
Mi micrófono debería ser el estado que me ampara, pero no.
Cuando pasan estas cosas, hablo con el televisor. Hablo en un tono altito, hago gestos con las manos y seguro que si me miro al espejo no me gusto. La cosa va así: el periodista entrevista al representante de un grupo de gente que reclama por un aumento salarial. El representante dice que si sus superiores o autoridades siguen sin escucharlos, van a prender fuego en el medio de la calle a un montón de neumáticos que tienen amenazadoramente preparados ahí a un costado. Y ahí es que intervengo yo: "Flaco, me solidarizo con tu reclamo. Pero qué parte de avasallar mis derechos (a transitar libremente por esa calle, a respirar aire puro, entre otros) para que prevalezcan los tuyos es la que no entendés?".
Claro, no. "No te escuchan, mamá, no te calentés!" me dicen los chicos, que han crecido también viendo esta práctica.
Es que hablamos de derechos, no de privilegios!!!
Y buéh, tendré que salir y cortar otra calle con neumáticos encendidos para reclamar los derechos míos??
Tener un blog, además de ser una de las bondades de internet (-apretaba el labio inferior y revoleaba los ojos con placer-), también es posible gracias al derecho de expresarse libremente. No sé si todos, pero muchos derechos tienen una obligación como contrapartida. Y tener un blog nos da derechos y nos ocasiona algunas obligaciones, más allá de las etiquetas o protocolos. Ceci del blog Sos lo que amás, hoy nos posteó algunas inquietudes a las que adhiero.
Y habrían tantas más que tendríamos que revisar y sobre las cuales hacernos autocrítica en este mundo Blogger, pero por hoy ya me bancaste demasiado. No quiero que te vayas de acá diciendo "chau Eli, estás pesadísimaaa!". En este blog vemos las dos caras de la vida, che.
Estos carteles que siguen son del lado más lindito. Todos de mi tablero de Pinterest y con sus correspondientes fuentes de origen.
(Tomarte tiempo para vivir la vida inspirará tu tarea)
(No esperes a que las puertas se abran. Gira tú mismo el picaporte)
(Tirémonos al sol y contemos todas las cosas hermosas que podemos ver)




















